Gente que sigue mi sonrisa...

20 oct. 2014

Ella olvidó enseñarle a olvidar

No aceptaba la idea de que su universo se destruyera
cada vez que daban las 12.
Contaba los segundos para volver a verla y tenía el firme pensamiento en que cualquiera en su sano juicio
se habría vuelto loco por esa sonrisa.
Aún pensaba que toda su vida se fue tras su falda,
esa falda que quedaba tan bien en el suelo de su habitación...
Él nunca supo de maquillaje, ni de sombras de ojos,
sólo sabía que el burdeos era el mejor pintalabios que podía quitarle,
era experto en verla despertar con ojos de mapache
por olvidar quitarse el rímel la noche anterior.
Estaba loco por ella.
Era su locura favorita, la mejor locura por la que perder la cabeza.
Ella era pequeña y tenía que ponerse de puntillas para besarle
cuando el no agachaba su cuello hacia su boca,
se pasaban la vida estirándose y agachándose
para encontrar la medida exacta para quererse.
Moría de amor cada día,
era la mejor forma de morir para sentirse vivo.
Él era su soñador,
ella era su musa.
A él le encantaba la hora de dormir
cuando aprisionaba a ella entre sus párpados
para hacerla aparecer en cada sueño.
Todo cobraba sentido para él
bajo esa sonrisa traviesa que no le dejaba concentrarse.
Ella le enseñó que tenía fuerza para confiar en sí mismo
para cuando ella no estuviera más.
Él nunca agradecía tantas lecciones de vida
aquellos pedacitos de realidad que ella le mostraba con dulzura.
Aquella dulzura era especial,
era una dulzura inusual,
entre el primer beso y el aroma a café recién hecho.
Gracias a ella, él pudo descubrir
que el olvido tiene muy buena memoria cuando quiere.

María.

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