Gente que sigue mi sonrisa...

19 oct. 2014

Sobredosis de recuerdos

Miles de plumas sin tinta y el pintalabios gastado de tanto beber, esta vez no es por tu culpa. He perdido la cuenta de cuantas llevo ya. No he venido a ahogar mis penas en alcohol, pues a mí quien me ahogó fue la vida, la rutina, el nosotros que no existe, que aún tengo la duda de si existió realmente alguna vez. Por no perderte a tí me perdí a mí; me perdí tanto que ya no sé ni cómo salir de este bar si no me acompañan a la puerta, como suelen hacer al dar las 2 o 3 de la madrugada cuando ya se han ido todos los que suelen venir a ahogar las penas en alcohol o a poner en remojo a las penas, como yo. Pronto me acompañarán a la puerta, como se suele decir aquí, claro que yo sé que eso es echarme de toda la vida. Es gracioso, me recuerda a tí, tú tambien me decías las cosas más bonitas de lo que realmente eran, tú sin duda, si fueras un camarero no me echarías, me invitarías a salir. Pero claro, es que a estas alturas todo me recuerda a ti. 
Hoy está el camarero de los martes, que está empezando todavía, pronto me dirá que me vaya, los ancianos del fondo se están terminando el cigarro y el mío ya se ha consumido. Por fin algo no me recuerda a tí; mi cigarro no eres tú, soy yo. Me consumiste a la misma velocidad, pero más intensamente. El último trago, ese en el que cierro los ojos y pido que me ciegue para despertarme mañana sin acordarme de nada, incluido tú. Qué tonta soy, nada me cegará tanto como lo hiciste tú pero, ¿Qué pierdo al intentarlo una vez más? Esta vez aprieto fuerte los ojos como si esta bebida se tratara de la peor medicina, claro que en cierto modo lo es, pero desde que me besaste por última vez y ando buscando en algún vaso ese sabor, ya nada me sabe tan bien. 
Si pienso en ti, vomito recuerdos... Llamemoslo sobredosis de recuerdos... o sobredosis de mentiras, como quieras, como te he dicho antes, ya no sé si es que eras un gran actor o de verdad sentías cada te quiero que me decías cuando abría los ojos y te veía observándome cada mañana. En fin, aquí viene el camarero de los martes a acompañarme a salir, no sé porqué todos se empeñan en pedirme permiso para acompañarme a la puerta, en vez de decirme claro que quieren que me vaya, que sólo quieren llegar a fin de mes para cobrar y llegar a casa a dormir que es tarde, supongo que son como tú, me invitaste a salir de tu vida haciéndome creer que era yo, sin saber que la mía eras tú. Cómo me gustaría que me acompañaras a salir... De tu vida.

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